diumenge, 28 de juny del 2026

Quesería Menorquina: la historia de un triunfo de nuestra industria

 El día 20 de junio se cumplen quince años del día en que los trabajadores y los directivos de Quesería Menorquina adquirían la compañía a Nueva Rumasa. La empresa se hallaba en una situación crítica; en 2011 la palabra de moda era desindustrialización. Había que ser muy valiente para asumir el reto de salvar una fábrica de queso fundido. No ha sido fácil; la historia algún día será estudiada en las facultades de Economía como un caso ejemplar de reflotamiento empresarial.


La operación suponía la remenorquinización de la empresa fundada por Pedro Montañés, que en 1992 había pasado a manos de Kraft. La multinacional americana invirtió y elevó la producción a cifras históricas, pero en 2008 anunció el cierre de la planta y el traslado de la fabricación de queso fundido a Namur (Bélgica). Sólo accedió, después de delicadas gestiones de Francisco Tutzó y bajo la presión social, a vender las instalaciones sin la marca El Caserío, con el único respaldo de Tranchetes, Santé y Quesilete, que suponían un tercio de la facturación. Así y todo, ninguna compañía quería cargar con una fábrica de dimensión nacional operada por 155 trabajadores y finalmente, solo gracias a la intervención del Govern Balear, Nueva Rumasa manifestó su disposición a adquirirla.

El 1 de julio de 2009 el holding de Ruiz Mateos asumía la propiedad de la empresa, que bautizaba con el nombre de Quesería Menorquina. En la etapa de Kraft, había perdido su entidad jurídica y era un simple centro productor; ahora la recuperaba dentro de la compleja arquitectura mercantil del grupo: su accionista era CARCESA, con sede en Badajoz. Quesería volvió a montar una estructura administrativa y comercial, lo que implicó aumentar el número de trabajadores. Sin embargo, Nueva Rumasa centralizó todos los cobros y pagos en otra sociedad gestionada exclusivamente por los Ruiz Mateos. 

Se acordó que los primeros seis meses se seguiría fabricando para Kraft, pero después empezaron los problemas. El primer trimestre de 2010, los directivos menorquines advirtieron que Nueva Rumasa había hipotecado los activos de Quesería por quince millones de euros, cantidad que no revirtió en la isla y de la que nunca nada más se supo. Ruiz Mateos se limitaba a drenar los recursos de la empresa, que avanzaba hacia la quiebra. Esta se encontraba ahogada porque no recibía del grupo los fondos necesarios para su funcionamiento. Tampoco existía ningún plan de negocio realista para alcanzar el elevado volumen de trabajo que precisaba para su viabilidad.


En esas circunstancias Francisco Tutzó tomó la iniciativa de negociar con el empresario jerezano la compra de la compañía. El planteamiento inicial de éste era draconiano: pedía cuatro o cinco millones de euros. Tras varias reuniones se consiguió el acuerdo para la compraventa por un precio simbólico, que no se pudo ejecutar porque a principios de 2011 Nueva Rumasa, que incluía a Quesería Menorquina, se declaró en concurso de acreedores, pero sería crucial para dar continuidad a la compañía.

La jueza nombró tres administradores concursales, de los cuales uno era común con la matriz CARCESA, lo que a la postre fue decisivo, porque poseía la información de ambas partes. Los menorquines se reunieron en Palma con la jueza y los administradores del concurso, que aceptaron desvincular a Quesería Menorquina de Nueva Rumasa. Sin embargo, era necesaria la aprobación de la jueza extremeña que llevaba el concurso de CARCESA.

La clave fue convencer a los administradores del concurso de esta que, si mantenía la vinculación, el valor de Quesería Menorquina, que era un activo de su balance, sería nulo o negativo, porque se tendría que liquidar y emergerían las pérdidas latentes. De hecho, fue la única sociedad que se vendió completa puesto que, en otros casos, sólo se adjudicaron marcas o fábricas.


Los trabajadores aceptaron, por práctica unanimidad, la propuesta de constituir una sociedad limitada laboral en la que los tres directivos (Francisco Tutzó, Jesús Esparza y Manuel Vecillas) se quedaran el 51%, lo que implicaba la capacidad de decisión, y los empleados el 49% restante. La compañía comenzó con 162 socios, de los que todavía mantiene 102, parte de ellos jubilados. El 20 de junio de 2011 se firmó la venta por el precio simbólico de 346 euros. Quesería retuvo todos los activos y pasivos. Las deudas ascendían a 24 millones de euros, más la hipoteca de 15.

En ese momento, Quesería prácticamente no funcionaba: había perdido a todos los clientes, salvo una gran superficie nacional, y no pagaba a sus proveedores ni a los payeses que elaboraban queso. Para continuar, contaron con un préstamo de un millón de euros del Govern Balear y del Consell Insular, del que la mitad se debía destinar a pagar a los ganaderos.

La empresa continuaba en concurso de acreedores, pero la administración concursal confió en los directivos para la gestión diaria. El hecho de no haber sido la causa del problema sino parte de la solución, facilitó la recuperación de los antiguos clientes, el primero Eroski, que les hizo un pedido de 300 toneladas, así como la de los proveedores.


Una cuestión importante era levantar la hipoteca que, al haberse hecho en perjuicio de Quesería Menorquina, podía anularse por la vía judicial, pero para no eternizar la situación se optó por negociar. Sin embargo, el Banco de Santander había cedido la deuda a un fondo holandés, lo que obligó a hacer gestiones a tres bandas hasta que se logró su substitución por otro préstamo de dos millones. En la operación se incluyó una póliza de crédito para pagar a los proveedores.

Fue muy duro. Los trabajadores pusieron por delante la viabilidad de la compañía aceptando retrasar el cobro de las nóminas para que se pudiera adquirir materia prima. En un año y medio se logró multiplicar la producción por cuatro y alcanzar el mínimo necesario para afrontar los elevados gastos fijos y de funcionamiento que tenía una planta tan grande.

Dado que la carga de trabajo era muy reducida, se aplicaba un ERTE flexible, en el que los operarios sólo acudían cuando había necesidad de fabricar. Sin embargo, para que la empresa pudiera subsistir esto no bastaba. En marzo de 2013 se aprobó un ERE, que afectó a 43 trabajadores; cerca de la mitad fueron prejubilaciones, pero 24 fueron despedidos después de años de trabajo y haber sufrido las penalidades de los últimos tiempos. Fue el momento más difícil desde el punto de vista humano.


Como se carecía de recursos financieros para pagar las indemnizaciones, se aceptó la oferta del Grupo Bel para la compra de la marca Tranchettes, con la condición de mantener la producción en Menorca, asegurando así una parte del empleo. El acuerdo se ha mantenido hasta la actualidad. Por último, se aprobó un plan de viabilidad que suponía reducir los salarios de todos los empleados un veinte por ciento.

Todo esto propició que en la primavera de 2014 se aprobara el convenio con los acreedores, que aceptaron una quita de sus deudas y un plazo de diez años para liquidarlas, porque la mayoría eran proveedores a los que les interesaba seguir trabajando con la compañía.

La recuperación de la empresa estuvo plagada de obstáculos. En 2015 se logró firmar un préstamo sindicado con tres entidades financieras y tres sociedades de garantía recíproca. En 2018 se realizó un intento de fusión con Quesería Ibérica, compañía palentina productora de materia prima y proveedora de la menorquina, con la que existían relaciones desde el principio, pero cuyas promesas no eran reales y pocos años más tarde acabaría siendo liquidada.


Para completar la recuperación financiera, en 2020 se realizó una primera ampliación de capital en la que participaron dos grupos empresariales menorquines. En 2021 se llevó a cabo una segunda a la que se unió el empresario mallorquín Eduardo Soriano. Así Quesería alcanzó los 5,5 millones de capital. Estos recursos permitieron liquidar la deuda concursal. 

De esta forma, en 2022 Quesería salió formalmente del concurso de acreedores, lo que constituye un gran éxito, puesto que sólo el 2% de las sociedades lo consiguen; el resto acaban siendo liquidadas. Ese año fue muy complicado, porque el estallido de la guerra de Ucrania provocó un repentino incremento del precio de todos los insumos, que solo se consiguió repercutir a los clientes con retraso y después de muchas discusiones. El apoyo financiero de los nuevos socios hizo posible la superación de la crisis.

Los años siguientes han sido francamente positivos, con unos beneficios crecientes. La cantidad transformada ha aumentado el 50% desde 2013 y en 2025 la facturación excedió ligeramente los 50 millones de euros y se obtuvo un EBITDA (beneficio antes de intereses, impuestos y amortizaciones) de 4 millones. El número de trabajadores ha aumentado hasta los 158. Constituye la mayor empresa agroalimentaria de Baleares y una de las principales de las que operan sin marca propia. Por volumen de producción de queso es la número 14 o 15 de España y tiene una cuota de mercado del 60% en porciones, una posición muy meritoria, porque se trata de un sector muy competitivo, con una fuerte presencia de multinacionales.

Han sido años muy penosos, con grandes sacrificios de los trabajadores y aplicación de los directivos, pero Quesería Menorquina ha demostrado que las empresas industriales de Menorca, si hacen las cosas bien, tienen futuro. Su reto es seguir mejorando la eficiencia productiva y fortalecer las exportaciones, ya que fabrica buenos productos.

dimecres, 17 de juny del 2026

Les guerres salvatges del segle XXI

 La violència ha acompanyat l’home des de la prehistòria, però en cada època s’ha executat de forma diferent i s’ha modificat la concepció d’allò que estava permès fer. Al segle XX, amb la signatura de les convencions de Ginebra es van prohibir l’ús de determinades armes i actuacions, que es consideraven inacceptables. Aquests tractats s’emmarcaven dins del gran moviment que donà lloc a la Declaració dels Drets Humans, aprovada per Nacions Unides el 1948, que concedia un estatut de dignitat a les persones i les protegia dels desastres  provocats pels enfrontament armats.

 


Quan l’onze de setembre de 2001 vam veure com cremaven les torres bessones de Nova York hauríem d’haver sospitat que aquell atemptat  assenyalava la direcció que prendria el nou segle. L’atac d’aquell dia és el més mortífer que han patir els Estats Units des de Pearl Harbor, el 1941, però llavors va ser una acció purament militar, dirigit per l’aviació japonesa contra l’armada americana. Seixanta anys més tard el van protagonitzar uns civils que mataren tres mil innocents; les armes no van ser bombes, sinó avions comercials, i no van caure sobre cuirassats sinó damunt d’edificis d’oficines.

No només es van esfondrar dos gratacels: totes els acords que intentaven salvaguardar la humanitat de la barbàrie van saltar pels aires. És cert que feia anys que el sistema penjava d’un fil. El feia perillar pràctiques com les agressions amb cotxe-bomba. Tradicionalment havien estat vinculades a actes de guerra o contra militars, com el que va matar l’almirall Carrero Blanco. A finals del segle XX grups terroristes de l’Orient Mitjà els van incorporar al seu arsenal i foren imitats amb rapidesa a Europa, on ETA en va fer un ús intens, que prest superà els cossos de seguretat de l’Estat i s’aplicà a la població civil, ja fossin polítics elegits democràticament, empresaris, periodistes, familiars o vianants.

L’onze de setembre de 2001 el terror va fer la darrera passa situant com objectiu a persones corrents, pel simple fet de ser ciutadans d’un país democràtic que promou uns valors contra els quals lluiten uns fanàtics, perquè van descobrir que assassinar innocents causava un major impacte mediàtic. Des d’aquella data hi ha hagut molts atemptats d’aquesta mena per intentar acovardir-nos perquè capitulem davant les seves idees.

 


A Espanya, el 2004 van massacrar 192 viatgers d’un tren, però tots els grans països han plorat les seves víctimes. A l’Àsia un exèrcit de fanàtics islamistes va arribar a dominar àmplies zones de Síria i Iraq i, malgrat haver estar desmantellats, continuen actius a la regió. A l’Àfrica subsahariana l’escalada ha estat tan potent que el rally París-Dakar, que es venia celebrant des del 1979, el 2008 es va haver de traslladar a territoris més segurs i els milicians de la regió amenacen amb fer-se amb el poder a països com Mali. No és un fenomen en regressió: a Afganistan els talibans van recuperar el poder el 2021.

La primavera àrab del 2011 va desembocar en una repressió sistemàtica a tots els estats on havia esclatat. A Síria fou l’inici d’una guerra sense quarter que s’allargà tretze anys. S’hi van enfrontar de manera ferotge diversos bàndols esperonats per alguns països àrabs, uns amb el suport dels Estats Units i altres el de Rússia. Els patiments de la població van ocasionar una allau de refugiats que desestabilitzà la Unió Europea.

Quan el febrer del 2022 Putin envaí Ucraïna no va fer sinó continuar aquesta lògica terrible en què s’utilitza la violència per aconseguir objectius polítics. El president rus infravalorà la capacitat de resistència dels ucraïnesos i l’ajut que rebrien d’Occident. Quatre anys més tard, Donald Trump ha actuat de la mateixa forma a Iran i també ha xocat contra un règim petri que ha demostrat que l’ús de la força s’ha democratitzat i l’època de la diplomàcia de les canoneres ha passat a la història gràcies als drons i altres armes low-cost.

 L’octubre del 2023 els terroristes de Gaza van massacrar 1.200 persones, de les quals 766 eren civils i 36 menors; milers de dones van ser violades i van prendre 250 hostatges, bona part dels quals van morir durant el seu captiveri. Israel respongué utilitzant la mateixa brutalitat que els seus enemics en una campanya militar que ha devastat el territori palestí causant la mort de 73.000 persones, de les quals s’estima que 53.000 són civils.

Aquest conflagració és una mostra perfecta de la nova manera d’utilitzar la violència: Hamàs ataca la població civil israeliana des d’hospitals, escoles, mesquites i habitatges civils i l’Estat jueu destrueix sistemàticament tots els punts des d’on podria ser atacat. Ningú s’até a cap norma que no sigui l’eficàcia criminal; és un pols en què els febles juguen la carta del victimisme per posar l’opinió pública en contra dels seus adversaris i els forts aniquilen sense pietat els seus oponents, perquè temen que si mostren alguna debilitat podrien ser destruïts.

L’ús de la força en tots aquestes conflictes viola les lleis internacionals sobre la guerra. Tot val: violacions, tortures, destrucció de cases, collites i ramats. Seguint la mateixa lògica es menysprea la Carta dels Drets Humans: les manifestacions s’esclafen sense comptar el nombre de morts; s’imposen vestits que invisibilitzen les dones, a qui es veda l’accés a l’educació; es prohibeix cantar o pintar...


 La Declaració dels Drets Humans es va aconseguir perquè el mal es materialitzava en els nazis i els japonesos. Al segle XXI no serà tan senzill: l’ús desaforat de la violència s’ha descentralitzat en multitud de grups de fanàtics i països criminals que intenten imposar la llei de la selva.

dimarts, 9 de juny del 2026

La penetració de la indústria bijutera de Menorca en el mercat nacional (1918-1959)

 El naixement de la indústria moderna està estretament vinculat a la seva capacitat per accedir als mercats exteriors. Menorca no és cap excepció. El sector del calçat es va desenvolupar al segle XIX gràcies a les exportacions a Cuba i la confecció de moneders de plata es va expandir a principis del XX de la mà de la demanda de països europeus com França i Alemanya.

Tanmateix, cap al 1890 va emergir un moviment proteccionista que provocà l’enrariment del comerç internacional. Espanya, amb una gran tradició proteccionista, aixecà un important mur aranzelari, un moviment que seria contestat per la resta de països, de manera que els nostres industrials tingueren dificultats creixents per vendre a l’exterior. 

Després de les convulsions de la I Guerra Mundial, el 1922 el Govern aprovà l’aranzel Cambó, que pretenia protegir de forma integral la indústria del país i coincidí amb un canvi de la moda que va fer perdre atractiu als moneders de plata. Els argenters menorquins es van haver de reconvertir cap a la bijuteria que, a diferència dels anteriors, venien sobretot al mercat nacional.

La introducció dels articles de l’illa a la Península no ha estat gaire estudiada. Un lot de correspondència comercial apareguda no fa gaire en un portal de col·leccionisme ens ofereix una visió suggeridora del fenomen. La documentació abasta sobretot els rams del calçat i la bijuteria; d’aquesta darrera els anys més representats són els de 1932-1934, un moment crucial per al seu enlairament, que assentà unes bases que li permeteren créixer de manera sostinguda després de la Guerra Civil. El més interessant és que, com es tracta d’un venedor de Cadis, abunden els documents de la zona sud, on es creia que els bijuters menorquins no havien arribat fins més tard.

La primera factura, de moneders de plata, és del 1917, anterior a la crisi del sector. La remet B. Gomila i Companyia, que tenia el seu taller al carrer Pi i Margall, antiga denominació del camí des Castell. Bartomeu Gomila era un fabricant modest, conegut per ser el primer en utilitzar l’alpaca, que substituïa la plata i així abaratia el gènere, una bona opció en temps de dificultats. En la capçalera de la seva documentació feia constar “Gran fábrica de Monederos de Plata, Alpaca y de otros Metales” i, de fet, remet al seu client quatre moneders d’alpaca platejada per un import total de 69,75 pessetes.

A continuació comptam amb diversa documentació rebuda per Jacinto Rodríguez, de Badajoz, comerciant que regentava el basar La Luz al carrer San Joan de la població, on venia una mica de tot: productes de bellesa, joguetes,... i lògicament les peces de bijuteria que comprava a Menorca.

El primer que ens consta que s’hi va posar en contacte va ser Antoni Vidal Mas, mallorquí qui, el 1918, estava establert a Barcelona, on venia “Quincalla, Bisutería y artículos de París”. Tot i que, d’acord amb la capçalera de les seves cartes, la seva especialitat eren les pintes de dona i altres ornaments, també feia altres productes, com cadenes de rellotge, collars llargs (sautoirs) de fantasia, ganivets, tisores, articles d’òptica, brodats i botons. Tal i com és tradició al ram, venia exclusivament al major. En aquest cas són dues dotzenes de passadors, per la discreta quantitat de 10,50 pessetes. 

Es dona el cas que Antoni Vidal Pons, menorquí, de qui no consta que tingués relació amb l’anterior, el 1934 va remetre dues comandes a Rodríguez. La primera era d’una dotzena d’imperdibles, una altra de polseres i una darrera d’anelletes, per un total de 216,80 pessetes. La segona devia ser similar; només conservam la carta que l’acompanyava, on s’especifica que la tramesa, enviada per paquet postal, pujava a 205,40 ptes., que s’havien de pagar fent-se càrrec d’una lletra de canvi a trenta dies vista. L’empresari tenia dos establiments, perquè al primer document es presenta com a fàbrica de bijuteria i la segona com a fàbrica d’ornaments per al calçat. L’any següent remetia una nova factura relativa a dues dotzenes de collars, de diferents tipus, i dos imperdibles, que importaven 106,05 pessetes. En aquesta ocasió consta el seu nom complet, “Antonio Vidal Pons. Fábrica de bisutería” i especifica que els dos domicilis que figuraven en els documents anteriors són la fàbrica, ubicada al carrer de Sant Lluís Gonzaga, número 32 i el despatx, al carrer de Gràcia, número 70, de Maó.

Un altre bijuter que es relacionava amb el comerç de Badajoz era Josep Parés Villalonga. En la capçalera de la seva factura es presenta com a “Fábrica de Platería: Manufactura de monederos. Especialidad en Servicios de mesa en hojas dorada”, la qual cosa suposa tocar gèneres bastant variats. El 1932 envia setze dotzenes de moneders platejats, de dues classes, i diversos productes més: portatovallons, pales de dolços, pinces de sucre i cadenes amb medalla, tot per 291,50 pessetes, a pagar als trenta dies amb una lletra de canvi.

També figura Josep Fèlix Orfila, que al seu important establiment situat al carrer Duc de Crillón números 10-12, posseïa una “Fàbrica de bijuteria i articles de galalith”. Aquest darrer és un dels primers plàstics que es van fabricar de forma comercial. Desenvolupat a finals del segle XIX entre Alemanya i França, arran de la seva presentació a l’Exposició Universal de París de 1900 va revolucionar la indústria dels botons, per les seves possibilitats per imitar efectes d’ivori, fusta, pedres precioses, etc. A partir dels anys trenta el seu ús es va ampliar a multitud d’articles. El menorquí escriu a Rodríguez el 1933 per oferir-li el ventall d’objectes de bijuteria que produeix, comentant que està especialitzat en polseres, imperdibles (dels quals li indica el preu de diferents models) i collars, però que crea novetats cada setmana i també fa portatovallons, pales, pinces i moneders de metall platejat.

La bijuteria es va expandir fora de Maó. Francesc Pons treballava el 1932 a aquesta població, on regentava una “Fàbrica d’argenteria i bijuteria. Cadenes i polseres d’or i plata”, En aquesta data remet un paquet postal a Badajoz amb diverses dotzenes de cadenes, amb i sense medalla, així com polseres, pinces de sucre i portatovallons, per valor de 182,10 pessetes, pagadores a 60 dies. El 1934 l’empresari s’havia traslladat a Sant Lluís, des d’on envià dotze dotzenes de collars amb medalla, que tenien un cost de 81,50 pessetes, despeses d’enviament incloses, i les condicions de pagament habituals. Finalment el maig del 1936 tramet dues dotzenes de collars d’or de 18 quirats i 22 contrastos d’or de llei a una botiga de Sevilla. La comanda es feia arribar a través d’un representant i el termini de pagament s’ampliava a 120 dies.

No podia faltar el principal bijuter de Ciutadella, Joan Torrent Torres, que en la capçalera de la factura s’anuncia com a “Fábrica de Hebillas y Adornos. Fantasía para calzado” i, imprès amb tampó, “Sección Bisutería”. El 1933 el seu establiment estava ubicat al carrer del Sud i enviava a Rodríguez un paquet postal amb bastant de gènere, sobretot imperdibles i anelletes, però també, polseres niquelades i “criolles” de níquel, tot per 264 pessetes.

Després de la Guerra Civil, la bijuteria menorquina es va expandir amb força. Dels primers anys disposam de dues factures. Vicent Robert Vicens tenia la seva fàbrica al carrer Santa Victòria de Maó on, com es pot veure en la capçalera, elaborava una ampla gamma de productes: Orfebreria, Bijuteria, Ferreteria, Fornitures i Articles Mecànics. El 1946 va vendre per 2.844 pessetes 566 fermalls de missal a l’editorial Litúrgica Espanyola, SA, que estava a la Gran Via de Barcelona, llavors coneguda com a Avenida de José Antonio.

Dos anys més tard, A. Vidal Esteve. Bijuteria, que tenia el seu taller al carrer Sant Josep de Maó, remetia a un establiment de Sevilla una comanda més modesta: mitja dotzena de forquilles d’alpaca, per un preu de 176,50 ptes. A la factura figura el segell de l’agent Alfonso Estela de Sevilla, amb la qual cosa es remarca la importància de la vessant comercial en aquest negoci.


Les relacions amb Andalusia es van mantenir al llarg dels anys. Una dècada més tard, el 1959, Santiago Pons Ponsetí enviava dos paquets postals a la capital andalusa. Segons indica a la carta, la comanda s’havia fet a través de Josep Parés Villalonga, de qui hem comentat una venda anterior a la Guerra Civil, i que fou un dels empresaris que va superar la contesa. El bijuter finalitza desitjant al seu interlocutor continuar amb les relacions comercials. No sabem si es va complir la seva voluntat, però la bijuteria va viure les dècades següents anys brillants que van deixar la indústria de Menorca en un lloc molt alt.

dimarts, 2 de juny del 2026

Lanzarote. Les meravelles d'una illa volcànica

 Lanzarote, a l'arxipèlag de les Canàries és una illa una mica més gran que Menorca i, com ella, Reserva de la Biosfera. Els seus atractius naturals han estat modelat amb encert per la mà de l'home.

Teguise, l'antiga capital de l'illa és una vila amb molt d'encant. El campanar de l'església de Nostra Senyora de Guadalupe és l'emblema del poble.


El castell de Santa Bàrbara domina la població.


A Nazaret, prop de Teguise, es troba la casa museu Lagomar, dissenyada pel col·laborador de César Manrique, Jesús Soto, que una falsa llegenda diu que fou propietat de l'actor Omar Shariff.


L'edifici, d'una arquitectura surrealista és plena de racons, a qual més pintoresc. 


Arrecife, la capital de Lanzarote, és una ciutat discreta amb un bon passeig marítim, un castell ufanós i l'església de San Ginés, que marca el territori.

La ruta de César Manrique

El pintor César Manrique va dissenyar un conjunt d'espais aprofitant els espais naturals de l'illa i que li donen molt de caràcter. La majoria són al centre i al nord de l'illa.

La fundació César Manrique, siutada a Tahiche, a mig camí entre Arrecife i Taguise, és un espai singular ja des del seu jardí.


L'interior de la casa, que aprofita els enfonsaments del terreny volcànic, és plena d'originalitat i bon gust.


El jardí de cactus, també planificat per César Manrique a l'interior de la cratera d'un volcà, és un lloc màgic.


La combinació de plantes crasses i colades volcàniques crea uns efectes d'una harmonia sorprenent.


La cueva de los Verdes, a l'interior d'un tub volcànic, ens evoca els misteris del món subterrani.


Los Jameos del Agua és un indret sorprent. Els jameos són enfonsaments de tubs volcànics. Aquest està ple d'aigua. Caminar per la vorera del tub del volcà és una sensació única.


I a la sortida et trobes amb el Jameo, on César Manrique va construir una delicada font que crea un efecte subjugador.


El sud de Lanzarote

Al sud de l'illa, a la zona de los Araches, es troben unes de les millors platges de l'illa, com la dels Papagayos.


A l'oest, ja prop de Timanfaya, la costa es torna abrupta i es formen los Charcones, on el bany és més pràctic que a la vorera de la mar, sempre agitada per les onades.


No gaire lluny es troben les salines de Janubio, al voltant d'una petita badia, un lloc fantàstic.


Les salines velles, a l'entrada de la badia creen unes formes que semblen sortides del quadre d'un pintor.


El nord de Lanzarote

El nord de l'illa és molt abrupte. Alguns miradors, com aquest de l'ermita de les Neus, ofereixen unes perpectives abrumadores.

Haria és la principal població de la comarca. Rodejada d'antics volcants, on els pagesos van construir bancals i dominada per centenars de palmeres, és un lloc certament singular.


Al costat del poble, el mirador de Guinate ofereix unes vistes molt polides de l'illot de la Graciosa.


La perspectiva encara millora al mirador del Río. El Río és l'estret que separa Lanzarote de la Graciosa.


L'edifici també fou dissenyat per César Manrique i manté el seu to d'elegància onírica.


Prop d'allà, al poble de Ye, dominat pel volcà de la Corona, es poden contemplar uns vinyets protegits per les parets seques de l'illa, un paisatge que no s'oblida fàcilment.


Al costat del poble mariner d'Òrzola hi ha els caletones blancos, unes platgetes molt belles on nedar es converteix en un somni.


El parc de Timanfaya

El Parc Nacional de Timanfaya abraça la regió afectada per les darreres erupcions volcàniques que patí l'illa, els segles XVIII i XIX. És un paisatge desolador de volcans i colades volcàniques.


A la costa un lloc curiós són Los Hervideros, una sèrie d'oquedats que es van produir quan la lava va arribar a la costa.


A la platja del Golfo es localitza el Charco de los Clicos o Charco Verde, una suggeridora bassa envoltada d'un terreny volcànic fracturat.


Des del Golfo es pot fer el passeig de la costa fins a la platja del Paso, que continua fins a la platja del Cochino, un recorregut sobre terreny volcànic que fa estremir només de pensar en com devia córrer la lava quan el volcà va entrar en erupció.



L'illot de La Graciosa

Al nord de Lanzarote s'entén l'arxipélag Chinijo, un conjunt d'illetes, la major de les quals i l'única habitada és La Graciosa, que també exhibeix un paisatge volcànic.


Des de  La Graciosa es poden veure altres illots, com el de la Montaña Clara


A La Graciosa hi ha bones platges com la de las Conchas, al peu de la montaña Bermeja.


No molt enfora s'hi troben los Arcos, estremidores arcades de lava...


A l'altre extrem de l'illa, hi ha una bona platja, la de la Francesa, dominada pel volcà de la Montaña Amarilla.


Els vinyets de La Geria

La Geria, a la vessant sud del parc de Timanfaya, és la principal zona vitícola de Lanzarote. S'hi pot accedir des del poble de Yaiza.


Els cellers, com el de la Geria, són oberts a les visites i fan recorreguts molt interessants.


Altres cellers més petits ofereixen grans sorpreses, com el de Guiguan, a la caldera d'un volcà i que serveix grans vins.


Aquest darrer és a Tinajo, on l'aixeca l'ermita de los Dolores, al mig d'un paisatge encantador.


Uns quilòmetres al sud, el celler del Grifo, el més antic de l'illa, té unes vinyes molt interessants.


La visita del seu museu i dels camps és molt recomanable.


De camí al proper poble de San Bartolomé s'aixeca el monument a la Fertilitat, al peu del qual hi ha el museu al pagès de Lanzarote, dissenyats per César Manrique.


La despedida de Lanzarote només pot ser un fins un altre, perquè realment fan ganes de tornar-hi!